Preguntas frecuentes sobre autoestima

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1170097_catLa autoestima es uno de esos temas sobre los que se habla con tanta frecuencia y se aportan tantas definiciones, que difícilmente atrae o sorprende a quien lo escucha. Muchos sacan sus propias conclusiones desviando, a veces, el significado real. Así, se suele confundir, por ejemplo, con la confianza, con el estado de ánimo, con el pensamiento positivo, etc.

Para aprovechar bien todo el potencial de la autoestima, con su importancia y trascendencia, conviene aclarar algunas ideas fundamentales, y una buena forma para ello es a través de una selección de las preguntas más frecuentes sobre este tema.

¿El estado de ánimo es lo mismo que la autoestima?

Por supuesto que no, son cuestiones diferentes. Existe cierta relación entre ambos, puesto que la autoestima alta favorece el estado de ánimo positivo (se ven las cosas con más optimismo y se genera más confianza), pero no hay que confundirlos. La autoestima es un concepto amplio de autovaloración general que abarca al conjunto de las capacidades y del aspecto de la persona. Mientras que el estado de ánimo es variable y circunstancial, es decir, depende del contexto y de los acontecimientos recientes o inmediatos, e incluso de las expectativas futuras.

Aunque la autoestima puede influir en las emociones, las emociones no tienen porqué influir sobre la autoestima. Por ejemplo, si quiero ingresar en un grupo donde exigen unas cualidades mínimas determinadas y tengo baja autoestima, veré complicado que me admitan. Mis expectativas de entrar serán escasas al valorarme poco, por tanto, mi estado de ánimo seguramente será triste. Si luego resulta que me admiten, ese estado de ánimo mejorará y pasaré a estar contento y feliz, pero ese hecho aislado no conseguirá modificar mi autoestima que seguirá siendo baja.

¿Es posible modificar voluntariamente la autoestima?

Por supuesto que se puede cambiar y mejorar. Tanto de una forma voluntaria como indirectamente por la acumulación de las experiencias vividas. Todo depende del nivel de autoconocimiento y de nuestra particular forma de interpretar los acontecimientos, las opiniones de los demás y las propias necesidades. Conocerme mejor, quererme y respetarme, mejorando la valoración sobre mí mismo, proporciona automáticamente una autoestima más equilibrada. Y eso es algo que solo depende de mí.

¿Cuanta más autoestima se tenga es mejor, o existe algún límite?

No es una cuestión de límites, sino de niveles o grados. Entendiendo estos niveles dentro de un rango “normal”, y considerando al resto como extremos o fuera de rango por ser muy bajos o excesivamente altos. Es decir, igual que la autoestima muy baja es un extremo deficiente, el exceso de autoestima también lo es, pudiendo resultar muy perjudicial en cuanto a las consecuencias de las decisiones que se tomen. Cuando una persona se ve muy superior o sobrecapacitada, aumentan sus expectativas de éxito, por lo que suele asumir más riesgos de los debidos. Es conveniente, pues, utilizar el sentido común para evitar los problemas que ocasiona  una autoestima exagerada.

¿Es necesario compararse con los demás para tener una buena autoestima?

No, no es imprescindible. Pero compararse con otras personas en condiciones similares no solo no perjudica el nivel de autoestima, sino que lo sitúa más correctamente. Eso sí, debemos ser sensatos en las comparaciones, entendiendo las similitudes y diferencias. Establecer comparaciones es, además, algo innato y adaptativamente necesario. Es evidente que si en el contexto donde vivo las personas similares a mí consiguen determinadas metas, yo también creeré poder conseguirlas; siempre que mi autoestima sea normal, porque si es baja, mis expectativas también lo serán. En cualquier caso ¿qué es lo que estaría haciendo para autoevaluarme respecto a esas metas? Compararme. Sí, efectivamente, forjar unas creencias y expectativas por comparación con los demás.

Si creo que la mayoría de personas cumplen con unos patrones físicos o comportamentales, y yo no, mi autoestima será baja. Es decir, nos valoramos y clasificamos en función de una base comparativa respecto a personas que estimamos similares a nosotros.

No obstante, ¿es necesario ir buscando personas con las que compararnos? No, eso es algo que ya hacemos de forma inconsciente, y muy bien por cierto. El problema suele surgir cuando lo queremos hacer precisamente de forma consciente.

¿La autoestima depende solo de la opinión de los demás?

No. Si fuera así, casi todo el mundo tendría la autoestima bastante baja, ya que mostrar aprecio por otras personas es una virtud poco extendida. La autoestima no es algo que cambie con cada comentario o valoración que nos hacen. Las opiniones de los demás, pueden modificar la respuesta emocional, pero ni siquiera el estado de ánimo, que requeriría más opiniones en el mismo sentido. Y En cuanto a las circunstancias, lo que más influye es nuestra interpretación de las mismas, si las evaluamos correctamente no tienen porqué afectar al aprecio o afecto que sentimos por nosotros mismos.

¿Una persona puede tener la autoestima baja para unas actividades o tareas, y alta para otras?

No. Eso podría llamarse confianza o seguridad, pero no autoestima. Ya hemos visto en una pregunta anterior que la autoestima es un concepto de autovaloración amplio y general que abarca la apreciación completa de la persona en su conjunto. Por tanto, no considera áreas o capacidades por separado. Es igual que cuando alguien se considera feo, no dice: «soy feo de ojos y nariz, pero guapo de boca y barbilla», simplemente se considera feo porque el conjunto de su rostro le parece diferente al patrón de rostro bello que conoce.

Por tanto, una cosa es tener confianza o seguridad en la ejecución de determinadas tareas o actividades, y otra disponer de una autoestima mayor o menor. Existen personas dotadas de una gran capacidad o talento que les permite tener confianza en eso concretamente, pero en cambio su autoestima es baja. De hecho, al preguntarles cómo valoran o aprecian ese gran talento, suelen responder quitándole importancia y atribuyéndolo a causas ajenas o externas a ellos (a la casualidad, o a la ayuda de los demás…).

Como vemos, el nivel de autoestima afecta a la persona en su conjunto: a su aspecto físico general y a todas las actitudes o comportamientos prácticamente por igual. En ese sentido, cuando la autoestima es baja, es por la escasa autovaloración sobre todo lo que se es y lo se hace; en cambio, cuando es alta, es porque dicha autovaloración es mayor o está mejor ajustada, pero también de forma global.

Fernando Barba Izquierdo

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