Los 5 hábitos más sanos del pensamiento

FacebookTwitterCompartir

AAA18Los hábitos son patrones, de conducta o de pensamiento, que utilizamos a diario para pensar y actuar de forma automática, práctica y rápida. Nos dan seguridad, comodidad y nos permiten hacer muchas cosas sin tener que pensarlas o calcularlas cada vez, ya que pasan a formar parte de nuestros procesos inconscientes.

Cuando hemos establecido como hábito un comportamiento o un pensamiento, este queda como proceso automático, sin que lleguemos a tener plena conciencia cuando surge. No volvemos, cada vez, a examinarlo ni analizarlo para saber si lo estamos haciendo bien o si da mejores o peores resultados. Se supone que cuando lo hemos convertido en hábito es porque nos ha ido bien. Y ese es precisamente el riesgo, olvidarnos de esos comportamientos o pensamientos. De forma que si los resultados que producen son buenos, muy bien, pero si no lo son o antes lo eran pero ya no, estaremos haciendo algo mal y no seremos conscientes de ello.

Respecto a los hábitos del comportamiento, ya se encargan los demás y los resultados de informarnos si son o no correctos. Ya que si hacemos mal las cosas los resultados serán negativos y, normalmente, aunque no nos demos cuenta, los demás nos lo hacen saber. Así, cuando fallamos en un examen o prueba de cualquier tipo, el propio resultado se encarga de avisarnos de que algo no va bien. Cuando somos agresivos, los demás nos evitan o nos dicen que lo somos. Cuando llego tarde a una cita o al trabajo, me recriminan o, incluso, me despiden. En definitiva, los hábitos del comportamiento son transparentes ante los demás y eso los hace, en principio, regulables y moldeables socialmente.

Pero los hábitos del pensamiento, aunque finalmente repercuten en el comportamiento, son más difíciles de apreciar. Están ocultos a los demás, y al ser hábitos, también están ocultos para nuestra propia conciencia. ¿Entonces, qué podemos hacer? Como suele ocurrir en las cuestiones relativas a la conciencia, lo primero es precisamente ser conscientes e indagar sobre nuestros propios pensamientos. Para posteriormente establecer, de forma progresiva, las siguientes bases del pensamiento:

  1. Emociones.- Las emociones son respuestas psicológicas que informan, a los demás y a nuestro propio organismo, sobre el estado de los acontecimientos (si podemos estar tranquilos y alegres, o si la situación es para tener miedo y esconderse o correr…) Pero las emociones no solo se producen ante los acontecimientos externos, sino también ante nuestros propios pensamientos (cuando nos preocupamos por algo que puede o no pasar, cuando recordamos algo agradable o desagradable…) En cualquier caso es conveniente conocer y aprender a gestionar las emociones.
  2. Estima y autoestima.- Es importante saber valorar y estimar a los demás para generar, como principio, una actitud compasiva que producirá satisfacción en las relaciones. Como también es importante estimarnos a nosotros mismos. De manera que para establecer los pensamientos adecuados a la hora de afrontar cualquier dificultad o reto, es fundamental creer y confiar en nuestras posibilidades de éxito, sentirnos capacitados, valorados y respetados. Esto es la estima y autoestima, y ha de estar bien regulada para que pueda dar equilibrio a cualquier hábito del pensamiento.
  3. Flexibilidad.- Como decía Heráclito, “todo fluye y está en permanente cambio” . El entorno, las personas, las ideas y nosotros mismos, evidentemente, también cambiamos. Flexibilizar los pensamientos es entender que las verdades absolutas no existen. Y que las cosas se pueden interpretar de diferentes formas,  dependiendo del punto de vista de quien las observa. Sin flexibilidad mental estaremos atados a los mismos patrones de pensamiento y comportamiento, resultando prácticamente imposible adaptarnos a las nuevas circunstancias que puedan ir surgiendo. Debemos abandonar, por tanto, los pensamientos rígidos que lo único que hacen es limitar.
  4. Optimismo.- Es imprescindible que la base de todos nuestros hábitos incorporen una dosis de optimismo, necesaria para motivarse y activarse. Para ello, basta con saber y recordar que casi todas las cosas tienen su lado bueno. Eso genera una actitud positiva que busca alternativas en las dificultades, porque sabe que las hay, suscitando el ánimo positivo independientemente de la situación.
  5. Creatividad.- El pensamiento creativo es el que da un plus especial a todo lo que hacemos, elevando el nivel hacia la excelencia en cualquier actividad que emprendemos. Creatividad es construir algo nuevo, aunque sea partiendo de otras cosas. Por tanto, un pensamiento creativo es un pensamiento que construye, curioso, que no se conforma con lo que ya conoce. Para establecer una base creativa en los hábitos, es preciso despertar y entrenar nuestra capacidad creativa.

Si caminas a diario por estas cinco rutas del pensamiento, tus hábitos pronto mejorarán y serán más apreciados por los demás.

 «No puedes entender la vida si solo conoces el mundo del agua», le dijo el sabio al pez, « ¿Y tu sabio, si no conoces mi mundo, cómo lo puedes saber?» (Fernando Barba)


 

Si encuentras útil el artículo o el blog, puedes contribuir

a su mantenimiento aquí. ¡Muchas gracias!