El diagnóstico empresarial

FacebookTwitterCompartir

DiagnósticoEmpresarialEn general, el diagnóstico sirve para conocer, analizar y valorar todo aquello (interior o exterior) que puede afectar a nuestros intereses. Se trate del ámbito que se trate, cualquier línea de actuación debería partir de un buen diagnóstico. Así, dependiendo de las conclusiones del mismo, la atención y los recursos se focalizarán en el sentido más adecuado para conseguir los objetivos.

Sea cual sea la actividad empresarial que desarrollemos es inevitable encontrar dificultades. En muchos casos, cuando esto ocurre, normalmente solo vemos el problema, la dificultad, el obstáculo. Pero no conseguimos encontrar soluciones alternativas válidas, por falta de un profundo diagnóstico que nos guíe correctamente. En ese caso, nos limitarnos a probar diferentes alternativas, bien porque imitamos lo que hacen otros o simplemente esperando un golpe de suerte. Pero este tipo de pruebas no tienen fundamento ni criterio, por tanto, no suelen producir los resultados esperados.

En el mundo empresarial, es frecuente solicitar el diagnóstico cuando las cosas no funcionan como deberían o como nos gustaría que funcionasen. Sin embargo, cuando todo marcha según lo previsto, lo último que deseamos es hacer cambios. En este sentido el diagnóstico, como herramienta, queda asociado a situaciones negativas, y normalmente insostenibles, que precisan respuestas ante las preguntas: ¿Qué me ocurre o qué nos está ocurriendo? ¿Por qué no salen las cosas como queremos? ¿Dónde fallamos? ¿Tiene solución? ¿Qué podemos hacer para mejorar? No obstante, cada vez son más los profesionales que recurren al diagnóstico como forma de control rutinario. Y es que, aunque todo funcione aparentemente bien, conviene hacer un chequeo periódico que garantice las líneas de actuación correctas y nos asegure que las cosas se están haciendo correctamente. Este funcionamiento preventivo supone, además, un gran ahorro en recursos, pues evita perjuicios y futuras situaciones desfavorables.

Para cualquier diagnóstico necesitamos hacer la correspondiente evaluación. Herramienta, esta, imprescindible para identificar tanto los aspectos negativos (obstáculos, deficiencias, carencias, problemas) como también los positivos (fortalezas, recursos y talentos). Solo si se conocen las causas o motivos, se podrán aplicar las mejores soluciones. Pero el diagnóstico, más allá de limitarse a identificar los problemas, primero necesita verificar que son reales, y después centrarse en aquello qué realmente los provoca.

Como ya hemos comentado, toda actividad empresarial depende de sus propios factores internos, pero también de otros externos más difíciles de controlar. Factores que varían constantemente y obligan a evolucionar. De manera que no conviene “dormirse”. El diagnóstico que hace años fue muy útil en una empresa o equipo, hoy seguramente ya no lo es, porque no sirve a los propósitos actuales. Como decía Heráclito, todo fluye y cambia, nada permanece igual… Cambian las circunstancias, las personas, las ideas y las necesidades. Si queremos mantenernos en la senda del éxito, necesitamos ser dinámicos.

Creo que no es necesario insistir más en la importancia que tiene el diagnóstico empresarial, y lo determinante que resulta cuando se hace correctamente. Son muchas las organizaciones que pueden dar fe de ello.

Fernando Barba Izquierdo

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